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Democracia y Salud: Crisis y Contexto

No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico

Apenas han transcurrido 135 días de haberse instalado en el poder, el nuevo Gobierno, supera su primera crisis ministerial y tenemos un nuevo Gabinete.

Para llevar a la práctica el emblema del gobierno de un “crecimiento económico con inclusión social” tiene que superar las limitaciones de un Estado débil y los problemas sociales heredados de las anteriores administraciones, especialmente relacionados a la industria minera; la preservación del medio ambiente físico y en paralelo lograr una cohesión social.

La principal debilidad del gobierno es estar sumergido en un sistema democrático precario, sin partidos políticos o partidos políticos débiles; y administrar un Estado obsoleto, y en medio de un proceso de descentralización mal concebido y aplicado; que le hará transitar la ruta de la gobernabilidad en tiempos escabrosos.

El primer deslinde, tendremos que tomar una posición. Tiene que ver con la gobernabilidad democrática; y desde esta perspectiva se abre la posibilidad de un mayor apoyo para que la democracia funcione y la inclusión social sea viable a través de las políticas públicas intersectoriales y trans sectoriales.

Entrando a la arena de la política de salud, tendremos que valorar cuales serán las implicancias de este cambio de gabinete y sus efectos sobre el sector salud. Resulta claro que no tenemos una política de salud explicita desde el MINSA, cuya agenda no aparece de una manera visible en el escenario político; mientras que en EsSalud, se han sentado las bases para un buen gobierno, pero aun falta construir y desarrollar capacidades institucionales para enfrentar los problemas de salud de los asegurados.

¿Está en crisis de la atención a la salud? Si seguimos los perfiles globales de los sistemas de salud (1), estos se encuentran en crisis y esta, se caracteriza por: 1) Inequidades en la atención de salud; 2) Seguridad y errores en la atención; 3) Calidad, con prácticas clínicas debajo de los estándares aceptables y una pobre experiencia del paciente; 4) Fallas en maximizar el valor del dinero público (Eficiencia) derroche de recursos y del tiempo; 5) Aceptación y adaptación sobreentusiasta de intervenciones de poco valor, y fallas en obtener nuevas evidencias de la práctica; 6) Fallas en las intervenciones de prevención de la enfermedad y la promoción de la salud.

De acuerdo a diferentes opiniones expertas, nuestro sistema nacional de salud se encuentra en crisis- esto no implica que el sector privado pueda prosperar- , la crisis nuestra es un crisis en todas las funciones de los sistemas de salud, especialmente de la principal función, la de rectoría de todo el sistema.

¿Qué hacer en este contexto de incertidumbre y de falta de horizonte? Ante la falta de experiencia y los sesgos ideológicos, se debe de abrir un espacio de diálogo sobre la política de salud que el Perú merece, en base a evidencias, valores y recursos. Quienes gobiernan nuestro sistema de salud, tendrían que tener la capacidad de aprender rápidamente, ¿es posible crear institucionalidad de abajo hacia arriba mediante el diálogo político de los “stakeholders”? La respuesta va a depender del interés de las diferentes partes interesadas en mejorar la salud de todos los peruanos y no perder otros cinco años de gobierno.

El dialogo para la agenda de gobernabilidad en salud significa mirar todo el sistema y el largo plazo. En breve; contempla trabajar los siguientes temas: 1) Visión estratégica, 2) Equidad e inclusión; 3) Orientación a la participación ciudadana y la búsqueda de consenso, 4) Gobierno transparente 5) Mejoramiento de la capacidad de respuesta mediante la efectividad y eficiencia, 6) Ética y responsabilidad por los actos, 7) Manejo apropiado de la Inteligencia e Información.

Un paso previo es tener una buena evaluación de lo heredado del anterior gobierno; especialmente si seguiremos la ruta del “aseguramiento universal” o iremos por el camino del “acceso universal a la atención de salud”; las prioridades de salud pública y cómo articular políticas guiadas por los determinantes sociales y golpear al mismo tiempo a la exclusión social en salud.

El gran desafío sigue siendo el Fortalecimiento del Sistema Nacional de Salud. Esto implica reforzar todas o algunas de las funciones de los sistemas de salud. Para no cometer los errores del pasado, es necesario extraer las “lecciones aprendidas” de las intervenciones nacionales, regionales y locales del proceso de descentralización en salud, para ver si se sigue el camino de “descentralizar todo” o “ recentralizar” ciertos programas de salud pública.

Ante la posibilidad de que no existan las condiciones para el “gran cambio en salud” en otras palabras un “Programa Máximo”; puede quedar pendiente el camino de evitar el mayor daño posible y pensar en un “Programa Mínimo”. En ese sentido trabajar con proyectos piloto a nivel local y regional que permitan ampliar la cobertura, mejorar la calidad y seguridad, aplicando el enfoque de determinantes sociales.

En la ruta del “Programa Mínimo”, se puede trabajar la escuela de gobierno en salud con un enfoque nacional, de políticas públicas, de alianzas públicas y privadas. Ganar el espacio de la interface entre los sistemas educativos y los sistemas de salud es un espacio que demanda liderazgo, liderazgo y liderazgo.


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